inflamación

La inflamación no siempre es mala: cuándo protege y cuándo es un problema

Cuando pensamos en inflamación, la asociamos con dolor o enfermedad, pero también es una herramienta de defensa del organismo. Forma parte de la respuesta del sistema inmune frente a infecciones, lesiones y otros daños.

Por lo tanto, el problema no es que aparezca, sino que se mantenga en el tiempo, aparezca cuando no debe o deje de estar regulada.

 

¿Qué ocurre cuando hay inflamación?

Ante una lesión o una infección, el organismo pone en marcha una respuesta coordinada para proteger la zona afectada. Los vasos sanguíneos cambian su funcionamiento y distintas células y moléculas del sistema inmune llegan al tejido.

Por eso una zona inflamada suele presentar:

  • Enrojecimiento por el aumento del flujo sanguíneo
  • Calor relacionado con los cambios en la circulación
  • Hinchazón procedente, en parte, de la salida de líquido hacia los tejidos
  • Dolor por la acción de las sustancias inflamatorias y la presión sobre los tejidos
  • Pérdida temporal de función

Aunque se trata de síntomas que pueden ser molestos, forman parte de un proceso que ayuda al organismo a comenzar su reparación.

 

Inflamación aguda: la respuesta rápida que debe tener un final

Aparece rápidamente y suele durar poco. Es la respuesta que observamos, por ejemplo, al hacernos una herida, una quemadura o ante determinadas infecciones.

Sus objetivos son:

  • Limitar el daño
  • Facilitar la llegada de las células inmunitarias
  • Eliminar microorganismos y restos celulares
  • Preparar el tejido para su reparación

Una vez controlado el problema, el organismo reduce la respuesta inflamatoria y se recuperan progresivamente las condiciones normales del tejido.

 

¿Qué pasa cuando no cesa?

Si el estímulo que provoca la inflamación se mantiene o los mecanismos que deberían finalizarla no lo hacen, la respuesta puede mantenerse durante mucho más tiempo. En ese caso pasa a ser crónica y en ella pueden coexistir durante meses o años:

  • Activación de células del sistema inmune
  • Liberación continuada de mediadores inflamatorios
  • Daño de los tejidos
  • Internos de reparación
  • Cambios estructurales provocados por esa reparación prolongada

Uno de los posibles problemas es la fibrosis, en la que el tejido normal se sustituye parcialmente por tejido cicatricial. Dependiendo del órgano afectado, estos cambios pueden alterar progresivamente su funcionamiento.

La respuesta mantenida modifica el entorno del tejido y puede acabar convirtiéndose en una fuente de daño.

 

¿Por qué puede aparecer la inflamación crónica?

No existe una única causa. Puede mantenerse por motivos muy distintos y el mecanismo depende de cada enfermedad, por ejemplo:

Infecciones persistentes:

  • Enfermedades autoinmunes
  • Exposición prolongada a determinados agentes irritantes
  • Lesiones o daños repetidos
  • Algunas enfermedades inflamatorias crónicas

Por eso es fundamental identificar qué está provocando que la respuesta continúe activa.

 

Enfermedades en las que este proceso tiene un papel importante

En algunas enfermedades autoinmunes, constituye una parte central del proceso:

  • En la artritis reumatoide, la respuesta inmune provoca una inflamación persistente que afecta a las articulaciones.
  • En el lupus, la respuesta inmune puede afectar a distintos órganos y tejidos.

En algunas enfermedades cardiovasculares también tiene una relación importante:

  • En la aterosclerosis, las placas que se forman en las arterias pueden desarrollar procesos inflamatorios.
  • Cuando una placa se vuelve inestable y se rompe, puede formarse un coágulo que bloquee el flujo sanguíneo y provoque un infarto o un ictus.

La relación también se estudia en otras enfermedades, pero no debe interpretarse como que provoca automáticamente enfermedades concretas.

 

¿Cómo se detecta?

La existencia de un proceso inflamatorio se detecta por medio de diferentes pruebas dependiendo de los síntomas y de la enfermedad que estén investigando.

Entre los marcadores más utilizados están:

  • Proteína C reactiva (PCR)
  • Velocidad de sedimentación globular (VSG)
  • Hemograma

Estos resultados necesitan interpretarse junto con los síntomas, la exploración física y otras pruebas. Recordemos además que un valor elevado no identifica por sí solo la causa de la inflamación.

 

¿Se puede evitar?

Realmente no sería correcto evitarla por completo, porque el organismo necesita esta respuesta para defenderse frente a infecciones y reparar los tejidos tras una lesión.

Lo que sí se puede hacer es actuar sobre las causas concretas cuando existe una enfermedad. En este caso, el tratamiento será distinto dependiendo del origen:

  • Infección
  • Enfermedad autoinmune
  • Lesión
  • Otra patología

También existen factores relacionados con el estilo de vida que influyen en la salud cardiovascular metabólica, pero eso no significa que exista una dieta o producto capaz de “eliminar la inflamación del organismo”.

Lo importante es distinguir entre una respuesta puntual y regulada que forma parte normal de los procesos del cuerpo y una respuesta desregulada que puede terminar dañando los propios tejidos.

Por lo tanto, los procesos inflamatorios no son ni buenos ni malos por sí mismos: su efecto depende de por qué aparecen, cuánto duran y qué ocurre mientras permanecen activos.