inflamación crónica

Inflamación crónica: el enemigo de la salud moderna

La inflamación es un mecanismo fisiológico fundamental para la supervivencia. Cuando hay una infección, una lesión o un agente dañino, el cuerpo activa una respuesta inflamatoria. Sin embargo, la inflamación crónica es un estado persistente de bajo grado que puede mantenerse durante meses o años, incluso sin que exista un daño evidente.

A largo plazo, este estado es un factor central en muchas enfermedades modernas, desde la diabetes y las cardiopatías hasta ciertas formas de cáncer y trastornos neurodegenerativos.

 

Cómo se desarrolla la inflamación crónica

A diferencia de la inflamación aguda, la crónica no responde a un daño directo o una infección. Se genera por múltiples factores:

  • Estilo de vida: sedentarismo, dietas ricas en azúcares y grasas trans, tabaquismo y consumo excesivo de alcohol.
  • Exposición ambiental: contaminación, productos químicos o alérgenos persistentes.
  • Envejecimiento: con la edad, el sistema inmune tiende a un estado basal de activación constante.

 

Si nuestro sistema inmunitario está activado de manera continua, libera citoquinas proinflamatorias que afectan a tejidos y órganos. Este estado de alerta permanente es muy dañino a largo plazo.

 

Consecuencias para la salud

La inflamación crónica tiene un impacto multisistémico. Entre sus efectos más relevantes encontramos:

  • Cardiovasculares: contribuye a la formación de placas ateroscleróticas que aumentan el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
  • Metabólicos: promueve la resistencia a la insulina y la obesidad abdominal, factores centrales de la diabetes tipo 2.
  • Neurológicos: vinculado a deterioro cognitivo, Alzheimer y depresión, probablemente por inflamación neurogénica.
  • Oncológicos: la presencia prolongada de mediadores inflamatorios puede favorecer la proliferación celular descontrolada y la angiogénesis tumoral.

 

A diferencia de una infección o una lesión aguda, la inflamación crónica no suele presentar síntomas evidentes. Fatiga, cambios de humor, dolor muscular leve o problemas digestivos pueden ser señales, pero a menudo se atribuyen a otras causas.

 

Cómo prevenir y reducir la inflamación crónica

Por suerte, podemos modular este problema mediante cambios en el estilo de vida, la alimentación y los hábitos del día a día.

Alimentación antiinflamatoria

  • Aumenta el consumo de frutas, verduras y alimentos ricos en antioxidantes.
  • Incluye grasas saludables como aceite de oliva, frutos secos y pescado azul.
  • Reduce los azúcares refinados y los ultraprocesados.
  • Evita el exceso de alcohol y las comidas muy procesadas.

Actividad física regular

El ejercicio modera la inflamación sistémica. Las actividades aeróbicas, de fuerza y los ejercicios de flexibilidad reducen las citoquinas proinflamatorias y fortalecen el sistema inmune.

Manejo del estrés

Prácticas como el mindfulness, la respiración, el yoga o técnicas de relajación disminuyen los niveles de cortisol y favorecen un equilibrio inmunológico saludable.

Sueño reparador

Dormir entre 7 y 9 horas de calidad ayuda a regular la producción de citoquinas y hormonas inflamatorias, contribuyendo a la recuperación de tejidos y al bienestar general.

Evitar hábitos nocivos

El consumo de alcohol, de tabaco y la exposición crónica a contaminantes ambientales elevan los niveles de inflamación. Reducirlos o eliminarlos tiene efectos inmediatos sobre la inflamación sistémica.

 

La importancia de la detección temprana

Aunque la inflamación crónica pueda pasar desapercibida durante años, los controles médicos permiten detectarla a través de biomarcadores como la proteína C reactiva (PCR) o la velocidad de sedimentación globular (VSG). También algunas moléculas como las interleucinas y las citocinas proinflamatorias, aunque se utilizan más en investigación, permiten identificar procesos inflamatorios específicos y evaluar la respuesta inmunitaria. 

La identificación temprana permite actuar antes de que se desarrollen enfermedades graves. Dependiendo del historial clínico y de factores de riesgo, el personal médico puede recomendar pruebas y evaluaciones adicionales que permitan detectar la inflamación.

Este tipo de inflamación es silenciosa pero determinante para la salud. Su comprensión explica el origen de muchas enfermedades prevalentes, además de servir como guía para estrategias preventivas basadas en alimentación, ejercicio, sueño y manejo del estrés.

Reconocerla y abordarla de manera temprana es fundamental para vivir de manera saludable, reducir posibles riesgos y mejorar la calidad de vida a largo plazo.