La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente a personas de edad avanzada.
Se caracteriza por la pérdida gradual de neuronas productoras de dopamina en áreas claves del cerebro, lo que da lugar a síntomas motores como temblor en reposo, rigidez muscular, lentitud de movimiento (bradicinesia) e inestabilidad postural. Además, se pueden presentar síntomas no motores como alteraciones del ánimo, deterioro cognitivo y problemas del sueño.
En las últimas décadas, diversas investigaciones han mostrado cómo la actividad física regular y adaptada puede mejorar de forma significativa muchos de los síntomas del Parkinson en la tercera edad, contribuyendo a una mejor calidad de vida en personas mayores, especialmente cuando se integra de forma estructurada en su rutina de cuidado.
¿Quieres saber a qué se debe esta mejora y cuál es la mejor rutina de ejercicios para las personas mayores que sufren esta enfermedad? A continuación te lo contamos.
¿Por qué el ejercicio mejora los síntomas del Parkinson en la tercera edad?
Numerosos estudios realizados con personas que padecen esta patología han demostrado que el ejercicio físico produce numerosos beneficios tanto a nivel muscular como cerebral.
Esto se debe a diversas causas que, en conjunto, confluyen en una mejora de los síntomas del Parkinson en la tercera edad:
- Mejoría en la función motora: A través del entrenamiento físico se fortalecen los músculos, se mejora la coordinación, se incrementa el rango de movimiento y se potencia la capacidad de generar patrones de marcha más eficientes.
- Neuroplasticidad y producción de factores neurotróficos: La actividad física estimula la liberación de proteínas como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y otros factores que favorecen la supervivencia y la conectividad de las neuronas. Esto puede ayudar a compensar la pérdida de dopamina y favorecer la neuroadaptación en circuitos cerebrales implicados en el movimiento y el equilibrio.
- Mejoras cardiovasculares y metabólicas: El ejercicio sostenible mejora la circulación cerebral y periférica, lo que se traduce en mayor resistencia física, mejor oxigenación de tejidos y una menor sensación de fatiga general.
- Reducción de síntomas no motores: Además de los efectos sobre el movimiento, se ha observado que la actividad física regular puede manifestar beneficios psicológicos (como mejora del estado de ánimo y reducción de la ansiedad) y cognitivos.
La evidencia científica ha concluido que la práctica de ejercicio físico mejora aspectos claves de la enfermedad, tales como la marcha, el equilibrio, la estabilidad postural y la capacidad funcional para realizar actividades de la vida diaria. Estos beneficios se observan tanto con ejercicios individuales como en modalidades grupales o comunitarias.
Además, las guías clínicas contemporáneas recomiendan que la actividad física sea un componente esencial en el tratamiento del Parkinson en todas las etapas, siempre adaptada a la capacidad funcional y al estado de salud de la persona.
Ejercicios recomendados para personas mayores con Parkinson
Aquí tienes una lista de ejercicios concretos que han demostrado beneficios notables en personas con Parkinson, organizados por su objetivo principal:
1.- Ejercicios de equilibrio y coordinación
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- Tai Chi: movimientos lentos y controlados mejoran la estabilidad postural y la propriocepción.
- Entrenamientos de señales externas (cueing): ejercicios con estímulos visuales o auditivos para fomentar patrones de marcha más fluidos.
2.- Ejercicios aeróbicos adaptados
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- Caminatas controladas: 20-30 minutos diarios de marcha con ritmo y distancias ajustadas a la capacidad de cada persona resulta especialmente beneficioso.
- Bicicleta estática: mejora la resistencia cardiovascular sin impacto fuerte en las articulaciones.
3.- Entrenamiento de fuerza y funcional
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- Entrenamiento con bandas elásticas o pesas ligeras: para fortalecer los grupos musculares mayores de piernas y tronco, reduciendo la rigidez.
- Ejercicios en superficies estables e inestables: para potenciar la fuerza neuromuscular y la respuesta rápida frente a pérdidas de equilibrio.
4.- Actividades lúdicas con componente físico
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- Juegos de equilibrio dinámico o actividades grupales: integran ejercicio con estimulación cognitiva y social, mejorando la adherencia y el estado de ánimo.
- Bailes de salón: para aquellos que estén en buen estado físico o si la enfermedad no ha avanzado mucho pueden probar los bailes de salón que combinan coordinación, equilibrio y memoria secuencial, con beneficios tanto motores como cognitivos.
Conclusión
El ejercicio físico no es simplemente una recomendación general de salud para mejorar los síntomas del Parkinson en personas mayores: también constituye una intervención terapéutica con evidencia científica que puede mitigar síntomas motores y no motores, mejorar la funcionalidad y favorecer la independencia.
La clave está en la adaptación individualizada, la constancia y la combinación de distintos tipos de ejercicios que trabajen desde el equilibrio y la resistencia hasta la fuerza y la coordinación.
Antes de iniciar cualquier programa de ejercicio, especialmente en personas mayores que pueden tener más problemas de salud, es fundamental contar con la evaluación y supervisión de un profesional sanitario experto (fisioterapeuta o médico especializado), para diseñar un programa seguro y eficaz que se ajuste a las capacidades y objetivos personales.